Vuelve el rugby a San Vicente. El Club de Rugby San Vicente regresa a la competición con un partido decisivo para su futuro en la categoría. Los sanvicenteros recibirán al Club de Rugby Albacete en el Campo de Rugby de la Universidad de Alicante, este sábado a las 17:30 horas, en el encuentro correspondiente a la jornada 13.
La situación es límite. Los Lobos ocupan la última posición con 10 puntos, a tan solo uno del Club Rugby Castelló, que marca el puesto de playoff de descenso. Con dos jornadas por disputarse, cada partido se ha convertido en una auténtica final en la lucha por evitar la pérdida de categoría, una carrera que también tiene como referencia al Amorino Alicante Rugby Club, actualmente con 16 puntos.
El último precedente no fue favorable para los sanvicenteros, que encajaron una dura derrota en su visita al UER Moncada/Edetans A. Sin embargo, en casa el equipo ha demostrado otra cara. Su única victoria como local llegó precisamente en el último encuentro disputado ante Penyagolosa/Estreles Morvedre (33-17), un resultado que refuerza la confianza del grupo cuando juega arropado por los suyos.
La plantilla lo tiene claro: el factor campo puede marcar la diferencia. “En nuestra casa estamos muy fuertes y, si conseguimos estar todos los que tenemos que estar, podemos ganar, como hicimos con Penyagolosa”, señalan desde el vestuario.
El reto no será sencillo. El conjunto manchego llega en la segunda posición con 41 puntos, empatado con el UER Moncada/Edetans A, y con un partido menos. Ha logrado dos victorias en sus últimos tres compromisos y se presenta como uno de los equipos más sólidos y competitivos del campeonato.
El Club de Rugby Albacete destaca por su potencia en el contacto y su velocidad en las alas, además de contar con jugadores experimentados capaces de desequilibrar cualquier encuentro. Será un examen de máxima exigencia para los Lobos.
Conscientes de lo que hay en juego, los sanvicenteros apelan a la intensidad y la concentración: “Vamos a salir con actitud ganadora, a luchar cada duelo. Tenemos que estar mentalizados y centrados tanto en las tareas individuales como colectivas”, explican desde la plantilla.
El plan pasa por un partido de desgaste, elevando el nivel físico en cada placaje y buscando aprovechar los espacios que puedan aparecer en la defensa rival. Sin renunciar a su identidad, el equipo mantendrá su apuesta por un juego dinámico y rápido: “Somos un equipo que juega con ritmo, esa es nuestra seña de identidad”.
A falta de dos jornadas para el final, no hay margen de error. Cada punto es vital para mantener vivas las opciones de salvación. Y en ese desafío, la afición será un pilar fundamental. En casa, los Lobos se transforman, impulsados por el aliento de la grada.
La permanencia no se negocia: se pelea. Y este sábado, en San Vicente, comienza otra final.
